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Ciclo destrucción-construcción en la novela Caballero Negro de Lilia Lardone

Por Viviana Bermúdez (viviber18@yahoo.com.ar)

Seminario: Literatura latinoamericana para niños y jóvenes. Núcleos problemáticos en el proceso de construcción del discurso
Universidad de Buenos Aires - Facultad de Filosofía y Letras - Maestría en Análisis del Discurso
Profesor: Lidia Blanco
Buenos Aires, mayo 2012

 

Introducción

Los seres humanos en sus diversos recorridos vitales, han persistido en encontrar significación a los innumerables aspectos del mundo. También en la actualidad, en medio de un universo globalizado, acelerado y sorprendente en toda su rica heterogeneidad, buscan otorgar sentido a los seres, las cosas y las acciones. En especial desde mediados del siglo pasado, los aportes tecnológicos avasallantes y las profundas transformaciones que comportan, gravitan en el hombre; y esto sucede a través de todas sus etapas evolutivas, tanto en la adultez como en la infancia. Las generaciones infantiles se plantean interrogantes, indagan en la naturaleza de personas y acciones asombrosas, incomprensibles, persiguen encontrar respuestas a situaciones de conflicto, como la desconfianza ante el futuro, intentan restablecer el equilibrio amenazado para instalarse en un espacio de mayor bienestar.

Sabemos que la literatura es un medio fecundo para diseñar respuestas y aventurar hipótesis surgidas de la imaginación Creemos que la fantasía posee un poder ingente, que permite a los niños, ir escalando los peldaños de la madurez.

Con respecto a la fuerza de la imaginación y la necesidad de su recuperación e inclusión en la obra literaria, requería, hace años, Syria Poletti:

“cautivar, a través de la imaginación, la capacidad de pensar y de sentir.” (Poletti, 1987: 183)

En los tiempos que corren, la literatura infantil se permite desarrollar nuevos temas que inquietan a este sector social, tales como los problemas ecológicos, el cansancio del estudio escolar o la presencia de seres de otros planetas o las dificultades de la vida en las grandes ciudades Asimismo, el desamparo, la desocupación o el divorcio de los padres. Temas estos últimos que surgen en la producción de la escritora argentina Lilia Lardone.

Anima nuestro trabajo__ que se centra en un texto particular de su producción, la novela Caballero Negro (1)__ el propósito encontrar líneas de significado en el análisis discursivo de dicho corpus. Para ello, nos apropiaremos del texto, en el sentido de interpretarlo, actualizarlo. Esto constituirá una lectura personal; será por un lado, producción de sentido a partir de la propia experiencia nuestra como lectores, en la cual proyectamos mucho de nuestro mundo individual ; por otro lado, un trabajo de análisis , que será una acercamiento que no deberá anular su condición más real: la magia. Así lo consigna Chartier.:

[…] hay un misterio irreductible que remite la obra a la subjetividad de cada uno ,pero hay hechos que han posibilitado la construcción de esta obra, lo que quiere decir su ubicación en un lugar, en un tiempo, en una sociedad, con técnicas, formas de difusión y de apropiación; y el trabajo del crítico, del historiador o del filólogo consiste en reconstruir todos estos hechos a sabiendas de que será una aproximación fundamental a la obra literaria a condición de no destruir de manera reduccionista su misterio. (Chartier,1999: 137)

 

2. Lilia Lardone y la infancia

Es Licenciada en Letras modernas, especializada en literatura infantil y ha ejercido la labor docente desde la cátedra o desde talleres de escritura y crítica literarias. Desarrolla su amplia tarea creativa en varios géneros, como la poesía o la novela pero sobre todo sus creaciones se han centrado en el campo de la literatura para chicos.

Reconoce la autora al definir la infancia, que no es un universo armonioso, dorado, idealizado, ausente de contradicciones:

Es un sitio cruel, desconcertante y arbitrario en el que un chico tiene, sí experiencias lindísimas […] pero son meros instantes entre toda una cosa oscura, opaca y difícil de entender: el mundo de los grandes. (Lardone, 1999: 24)

Así traza la autora su concepto sobre el universo infantil, que se presenta a menudo, como una etapa dorada de la vida, apreciación ocurrida no sólo en épocas pretéritas sino corroborable además actualmente, por ejemplo, desde el poderoso lenguaje de la publicidad. En este campo se habilita a los niños como consumidores de bienes pero se los inhibe como sujetos capaces de asumir procesos transformadores. Se los percibe__ merced al único objetivo de la rentabilidad __ como clientes, dóciles para aceptar los argumentos y propuestas del mercado pero no como sujetos con necesidades particulares, que pueden interactuar con los adultos ; de este modo, se los subestima en su potencialidad creativa y transformadora. Se construye una representación infantil edulcorada, que asimila consumo a felicidad:

Así, exhibiendo armonía, el mundo infantil representado en las publicidades elude cualquier conflicto en el que pueda habitar actualmente nuestra niñez, sea éste subjetivo, económico, social, cultural o político. (Viviana Minzi, 2006:225)

Esta forma de reconstruir la representación de la infancia se va logrando merced al dibujo de un ficticio clima amigable, que excluye el conflicto y no permite las posibilidades de un cambio superador.

En la obra que nos ocupa, la autora presenta, por el contrario, una representación del mundo y del protagonista donde no está anulado el conflicto sino, muy por el contrario, se muestra a un chico en una situación problemática: la separación de los padres. La autora ha partido del deseo de forjar una escritura “pensando la infancia desde muy adentro”. Le ha interesado marcar la desconexión entre los adultos y los niños que quedan fuera de situaciones y así

en la infancia uno se mueve a tientas y es terrible” (2)

Ha logrado describir y narrar un hecho doloroso y complicado, visto desde los ojos de un niño, Luciano, protagonista de la novela Caballero Negro.

 

3. Caballero Negro

3.1. Estructura

El texto literario se concibe como un todo, como un conjunto dotado de coherencia donde las piezas que lo constituyen sólida y armónicamente, se traban unas a otras, mediante las interminables posibilidades del uso de la lengua, con objetivos estéticos. No obstante, procederemos a desmontar algunos elementos de la estructura, que posibilitan la mejor comprensión del discurso que nos ocupa.

La estructura de la ficción está organizada en un esquema cuaternario. Las funciones nucleares que se reconocen son:

aparición del conflicto- conflicto -resolución del conflicto- situación final

En la primera función, el protagonista comienza a vivenciar un conflicto familiar, que es la situación problemática de convivencia entre sus padres. El problema surge cuando el padre abandona la casa familiar. La resolución del conflicto y sobre todo, la situación final, no significan ausencia de conflicto para el protagonista__ sus padres finalmente se separan__ sino un modo de aceptación de unas circunstancias que no tuvieron final feliz. Hacen posible la comprensión más acabada y la superación del problema, por ejemplo, con placenteras actividades futuras, imaginadas junto a su amigo, el Flaco.

Este problema de complejidad en cuanto al contenido narrativo, tiene su correlato en la complejidad estructural que presenta la novela. Puesto que se trata no de una historia sino que se presentan dos planos en el relato, dos historias enlazadas, que van apareciendo en forma alterna:

Por un lado, la diégesis familiar “real” ,que gira alrededor del personaje infantil Luciano, con el conflicto de la separación y el alejamiento de la figura paterna. Por otro, la diégesis de lo imaginado por Luciano, a partir de lecturas de aventuras medievales. ( el personaje Caballero Negro , sus hazañas y su lucha por hacerse acreedor al amor de su amada ). En suma, mundo privado, familiar, cotidiano, en paralelo al mundo de la ensoñación y, lo imaginado. El protagonista cautivado primero por la lectura y en segundo paso, procediendo a cosas concretas, palpables, como la construcción de un castillo con bloques, terreno de aventuras que le permitirá dar espacio a su poder imaginativo. En este punto, podríamos hablar de evasión del protagonista. Sin embargo, consideramos que estas formas, lectura y juego imaginativo, son dos modos imponderables que conocer la realidad, de ahondar en ella. En definitiva, esto le permitirá al niño, en este caso, a Luciano, acercarse al mundo y su complejidad, para ir construyendo su universo ideológico.

Coincidimos en este juicio con Felipe Munita, quien observa, con respecto a la lectura :

Pues la lectura de ficción, contrario a las voces que se puedan escuchar al respecto, no es evasión. Quien lee literatura no intenta eludir la realidad, sino adentrarse más profundamente en ella para comprenderla mejor (Munita, 2010:25)

 

3.2. El personaje infantil: Luciano

El protagonista infantil desarrolla su acción en uno de los relatos: el del mundo familiar, “real”. Aunque la originalidad de la propuesta narrativa se atreve a insertarlo a veces con gran contundencia en el otro mundo: el de la imaginación o aventura. Es un niño de nueve años, a quien conocemos por su modo de actuar, impulsivo, susceptible a las palabras y acciones de su amigo el Flaco, que a veces es su ocasional adversario pero a quien siente como amigo .Entre sus actividades figura la de lector solitario de revistas y libros de aventuras. Este espacio de soledad del que hace uso, le permite acercarse a reflexionar sobre lo que siente y le preocupa. Por otra parte, se mueve entre amagues de rebeldía y aceptación de mandatos provenientes del orden de los adultos, con quienes no mantiene diálogo sobre las cosas que lo inquietan. Su capacidad imaginativa es el punto de partida necesario para elaborar una historia con un personaje heroico y estar pendiente de sus lides caballerescas. Va poco a poco comprendiendo la realidad que lo lastima__ la separación de los padres__ y aprenderá poco a poco a sobrellevar una situación conflictiva del entorno familiar.

 

3.3. El héroe de aventura: Caballero Negro

Las acciones de Caballero Negro tienen lugar en uno de los relatos: en la ficción de aventuras, en un mundo irreal, maravilloso, de localización indefinida, con la presencia de ayudantes, que con la eficacia de sus acciones contribuyen a los logros del héroe. O con la amenaza peligrosa de oponentes, ya sea animales, como los Dragones, o caballeros, como el antagonista Caballero de Plata, con quien debe contender en una batalla final, el héroe.

Campbell define la figura del héroe:

El héroe es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre las limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales. (Campbell, 2010: 26)

En la novela, el héroe ha iniciado su aventura que es la magnificación de la fórmula de los ritos de iniciación:

separación - iniciación - retorno.

Esa primera etapa de separación o partida, se hace evidente en la novela, cuando el caballero emprende un traslado en el espacio. En efecto, se dirige hacia el castillo, atravesando las aguas. A partir de allí, avanza la aventura y Caballero Negro se enfrentará a las fuerzas opositoras, con trabajos complicados. Apuntemos que el motivo del trabajo difícil constituye un requisito previo al vínculo nupcial, según el citado Campbell, que ha regido los hechos del héroe en todas las épocas. Finalmente tendrá que cumplir con la prueba de la lucha física. Deberá triunfar en la batalla, sin embargo eso no sucede. Esta derrota o pérdida es un objetivo de la narración que se propuso la autora, quien reconoce: intento mantener emoción y sorpresa. (3)

El héroe se retira, porque reconoce su derrota. Similar actitud asume Don Quijote ante el Caballero de la Blanca Luna, quien lo vence. Entonces el hidalgo quien acepta emprender el retiro y además, le pide la muerte, puesto que la derrota significa pérdida del honor:

Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra. (Cervantes Saavedra, 1983:823. Segunda Parte, cap. LXIV)

Es posible hipotetizar, que dadas las cualidades de gallardía, presencia valerosa, dominio sobre sí, autoconfianza, prudencia, que en el Caballero Negro se presentan en calidad de perfección, este emprenderá el regreso. Contará con la fuerza necesaria para triunfar o quizás continuar con otras tareas reparadoras, puesto que la batalla perdida no lo arredra para encarar nuevos desafíos. Así, a partir de aquella carencia o deficiencia, el héroe se empeña en sobrellevar las dificultades y al salir victorioso, libera entonces el fluir de la vida en el mundo.

 

3.4. El discurso narrativo.

Organización

El discurso narrativo se organiza en siete capítulos. A los efectos de hacer más atractiva la lectura y asimismo como modo de orientación al lector, se incluyen elementos paratextuales, en cada uno de los capítulos. Es el caso de las ilustraciones interiores que narran escenas de la ficción. Por otro lado, en el margen superior, viñetas donde la imágenes icónicas se relacionan con el contenido que va a desarrollarse. Por ejemplo, Luciano en actitud de discutir con su amigo (cap. 1) o el mismo protagonista, solo, recostado contra un árbol, el día de su cumpleaños. (cap. 5)

Otro elemento paratextual lo constituyen los epígrafes. Son elementos que influyen en la recepción y funcionan como puerta de entrada, y que contribuyen a una lectura adecuada. Aquí, asumen la forma de los discursos de novelas de caballería, cuya temática gira en torno a aventuras inacabables y amores. Encabezan cada capítulo y establecen situaciones de intriga, que aportan una cuota de interés y abren las posibilidades en el lector. Por ejemplo, el epígrafe que abre la novela , El día en que empezaron a pasar cosas, puede extenderse , desde la amplitud y abstracción del significante “cosas”, a múltiples significados. La unidad léxica que puede reponerse con significados diversos también aparece en: Hoy también pasan un montón de cosas. Otros recurren a enunciados antitéticos: Caballero Negro se acerca y el Flaco se aleja. También en capítulo seis: Buenas noticias, malas noticias, donde el juego de oposiciones de enunciados unimembres no devela el contenido de lo narrado pero atrae la atención. O en el séptimo y último capítulo, la antítesis refuerza la idea de circularidad: Final y comienzo. Acaba un ciclo y comienza otro.

 

3.5. La voz narrativa

Lilia Lardone ha intentado presentar un personaje infantil con respeto, no subestimándolo y pensándolo desde lo más hondo. Para ello asume una voz narrativa no en forma de monólogo en primera persona sino un narrador en tercera persona pero con una focalización interna que le permite, con respecto al personaje infantil, transmitir lo que piensa y lo que siente. Con el empleo del estilo indirecto libre, el narrador se introduce en el personaje y habla a través de él, siendo en ocasiones dificultosa la distinción acerca de quién está hablando. Por ejemplo, cuando en el primer capítulo se refieren los efectos que han tenido en Luciano, las palabras de de su amigo:

Errar el gol y encima aguantar que el Flaco le dijera patadura delante de todos. Cómo le hierve la cara. Por suerte hace calor y en la calle no hay nadie que lo vea correr como loco hasta su casa (p.10) (4)

Ha sido posible entrar en el pensamiento del chico y lo evidencian las expresiones coloquiales, los marcadores discursivos, las voces provenientes de otros discursos . Cuando Luciano siente irritación porque hay otro caballero que le disputa al héroe el amor de la doncella, la expresa interiormente:

[…] pura lata, qué se creerá que es, qué importa que el padre sea Rey de las Comarcas Difíciles, tiene una cara de nabo bárbara. (5)

Observemos las expresiones propias de la oralidad, los juicios valorativos, las opiniones, los lunfardismos, que construyen un campo intenso de emotividad.

 

3.6 .Ciclos de destrucción y de construcción

Esta idea cíclica responde además, al modo constructivo de la novela: la alternancia de dos ciclos:

ciclos de destrucción y ciclos de construcción

La primera secuencia, que comienza in medias res, inicia el ciclo de destrucción, y luego, como era esperable, se desarrolla la historia, en un flash back o analepsis, que da cuenta de episodios anteriores. Esto es, hace referencia a dos peleas: la de Luciano con el Flaco y la de la madre con el padre. Pero antes de que concluya esta serie de enunciados, ya comienza un ciclo de construcción, cuando el protagonista después de leer una revista tiene la idea de construir una muralla con torre.

A continuación, la lectura se complejiza, puesto que, dejando un blanco, se da paso a un fragmento que marca una isotopía diferente de la secuencia anterior: aquí se habla de castillo, mar, acantilado, torretas, almenas, Bosquecillo de Sicómoros, jinete negro, cabalgar, ballesta. Es el escenario de las narraciones épicas. Ese haz de rasgos sémicos redundantes, contribuye a la coherencia del texto y el lector comienza a participar de una tarea no tan fácil sino más compleja en cuanto a hipótesis descifratorias. Juzgamos un logro de la autora la invitación a una lectura que abre camino a habilidades y competencias más elevadas para el niño lector. Por otra parte, el protagonista, que se ha apropiado de lo que ofrece la lectura, ya aparece inserto en la ficción:

Luciano espía desde las almenas. (p, 11)

Esta segunda secuencia se interrumpe bruscamente con una frase cotidiana de la madre. Vemos en esto un ciclo de destrucción (en cuanto a las expectativas y deseos del niño), en forma de discurso referido, pero que responde a una orden del mundo adulto:

__Dice la mamá que vayas a tomar la leche ___dice Guido.

Este ciclo continúa en la secuencia tercera, con órdenes de la madre para desarmar el castillo. A esto se opone un ciclo de construcción, ya que Luciano idea un puente levadizo.

En el capítulo siguiente la narración se focaliza nítidamente sobre la figura heroica, a la que se le adjudica nombre. El niño aparece ubicado en la ficción, puesto que se ha conectado emocionalmente con este personaje y sus hechos heroicos, que paulatinamente van apasionándolo, todo lo cual permite un innegable proceso de identificación con el héroe. Observemos cómo se hace uso de procedimientos provenientes del discurso del cine, haciendo foco fijo en el caballero y sus sucesivos desplazamientos. La última secuencia del capítulo avisa del ciclo de destrucción: el Flaco llora porque su padre se quedó sin trabajo y deben mudarse. Su madre llora con azucarera rota en la mano. En el capítulo tres, sigue el mismo ciclo (la madre le ha dado un plazo para desarmar el castillo, lo que equivale a “destruirlo” a los ojos del chico. Con respecto a la lectura, esta se complejiza, puesto que la alternancia de discursos provenientes de distintos mundos __el “real” familiar y el ficticio de las aventuras__ se da en el interior de un mismo párrafo.

A pesar de la orden materna, el protagonista sigue con ideas: cómo no destruirlo y sí transportarlo a otro lugar, para lo cual contará con la ayuda del padre (ciclo de construcción). Asimismo pertenece a este ciclo, la visita a casa de los abuelos y las actividades de taller junto al abuelo Se mencionan elementos de construcción, como ejes, pinzas, destornilladores, tornillos y tuercas. También arandelas que servirán para agregar al engranaje del puente levadizo.

En el capítulo cuatro, se hace referencia a la gesta del héroe y la historia de la doncella, amor de Caballero Negro, pero hay circunstancias que el chico no entiende y se esfuerza por reconstruir esta historia de aventuras. Esta narración __del mundo ficcional__ tiene su correlato en la otra__ del mundo cotidiano__ en cuanto a la necesidad de entender los llantos ocultos de su madre y de hallar respuesta a la situación familiar de la que no se lo hace partícipe. Finalmente su madre le ofrece una frase brevísima sobre la relación conflictiva con su padre. El chico es capaz de reflexionar, aunque no sistemáticamente; piensa con cierta lucidez , sin embargo, aunque no hace explícito su juicio. Con respecto a este contexto de silencio, la autora reconoce:

Ese es otro tema del libro, mostrar la dificultad de comunicar los sentimientos entre los chicos y los adultos ((1999:24)

Va conformándose en el protagonista un lento proceso de identificación con el héroe, lo que se evidencia en el siguiente enunciado:

A Luciano no le parece de caballeros espiar lo que dicen los guardias, pero a veces no le queda más remedio.(p. 32)

Aunque cumpla años, las cosas no mejoran se anuncia en el quinto capítulo, que desarrolla un ciclo de destrucción. En el día del cumpleaños el padre se aleja por un compromiso que juzga “i-ne-lu-di-ble”, lo cual provoca gritos y llanto de la madre. Aparecen los dos mundos, el “real”, con el acontecimiento del cumpleaños y el ficcional, con el acontecimiento del torneo en el que debe luchar Caballero Negro para ganar el amor de su dama. Se establece una forma de interconexión, en cuanto a que se producen estos dos sucesos importantes, uno en cada plano, el mismo día.

En este ciclo, de inconvenientes, hay un suceso que perturba el desarrollo de las acciones __ la lluvia imprevista__ y funciona a modo de vínculo, ya que se produce en ambos mundo. La lluvia complica el festejo de cumpleaños y también el torneo. Pero las circunstancias se acomodan, lo cual da en un ciclo de contrucción, que tomará forma, en un lado, de preparativos del cumpleaños en otro sector de la casa y en otro lado, de rituales preparatorios de la justa .Allí los contendientes, el Caballero Negro y el Caballero de Plata, concluyen en el capítulo, enfrentados en la plaza con las lanzas en las manos. En este pasaje opera la técnica del suspense, que supone un corte en la narración, rasgo frecuente en las novelas de caballería, para mantener el interés del lector. Similar escena se aprecia en el capítulo VIII de la Primera Parte de Don Quijote, en el episodio de lucha entre este y el vizcaíno, concluyendo el capítulo con los dos contendientes y sus respectivas espadas empuñadas hacia lo alto.

El capítulo seis, desarrolla dos acciones nucleares, cada una en un universo distinto. Ambas pueden incluirse en un ciclo de destrucción. A la acción de inminente partida del padre, del entorno familiar, se corresponde la herida y derrota del héroe en la justa, que se aleja de la escena. Esto provoca, de un lado, el llanto silencioso del chico que evita mostrarse ante su madre, y de otro, incredulidad y fastidio por la pérdida del combate por parte de Caballero Negro.

En el último capítulo continúa el ciclo de destrucción, en lo ficcional, con los ritos de despedida del caballero ante la doncella que llora desde el balcón frente a un héroe controlado y discreto en su pena. En lo cotidiano, con la despedida del padre, lo cual evidencia una alianza conceptual entre los dos universos. La reacción de Luciano, que había sido de pedido de permanencia en el hogar para el padre, se intensifica con la partida del héroe y asume formas concretas de destrucción: el chico va desarmando íntegramente el castillo. Reconoce entonces todos los dolores por los que pasó, en su vida familiar con su padre y en la vida de la imaginación, con Caballero Negro.

Como situación final que cierra el discurso narrativo, se recurre a un ciclo de construcción. Luciano vuelve a la amistad e imagina actividades con su amigo el Flaco. Se mencionan cosas que podrían” armar” juntos.

 

3.7. Modalidades de la narración

Puede advertirse que la novela responde, en ciertos aspectos, a las características de la posmodernidad. Algunos autores (6) hablan de neo-subversión, como forma renovada de la subversión narrativa tradicional, de lo que serían ejemplos Pinocho o Alicia en el país de las maravillas, en los cuales los personaje concluyen regresando a la normalidad e insertándose en el mundo adulto. Caballero Negro podría incluirse dentro de la primera categoría, con sus preocupaciones contemporáneas, su neo-realismo para transmitir una concepción de la vida diferente, donde tengan lugar los conflictos, los dolores, la desocupación y otros. Otra tendencia, presente en Caballero Negro, es la concepción ni idealizada ni romántica de la infancia y el rechazo del final feliz. Otros rasgos serían el regreso al pasado pero de modo resignificado, tal como ocurre con el héroe medieval y su fracaso. O la mezcla de realidad y de ficción, evidente en el mencionado recurso de presentar dos planos o historias pertenecientes a distintos ámbitos, que se entrelazan.

 

4. Comentario final

La narración presenta una situación no idealizada, con un final no satisfactorio y feliz pero sí real. Está presente el conflicto, la vida en toda su complejidad y sus momentos positivos y negativos, con sus ciclos de construcción y de destrucción. Los deseos de este niño no se han cumplido, no ha logrado modificar la realidad de un mundo con decisiones adultas. Dicha conclusión de la novela está lejos de lo prototípico, puesto que no se resuelve con el restablecimiento del orden familiar, de acuerdo con la norma y las expectativas del lector. La institución familiar no se presenta como sólida sino con fisuras derivadas de los complejos vínculos humanos.

Creemos que la novela contribuye al proceso de socialización del niño lector, porque lo ayuda a ir construyendo su identidad, a través de un proceso de identificación con el héroe admirado, que favorecerá la comprensión e inserción en el mundo en el que le ha tocado vivir. En el final se arriba a un punto de conciliación entre el yo y el mundo, ya que el protagonista infantil se va haciendo hábil para interpretar las facetas matizadas de la realidad, emprende nuevas relaciones con los otros e inicia el camino de la autocomprensión, a partir de experiencias existenciales, muchas veces dolorosas.

 

5. Bibliografía

Corpus:

Lardone, Lilia (2009), Caballero Negro. Bogotá: Grupo Ed. Norma. Col. Torre de papel

 

Referencias bibliográficas:

Campbell, Joseph (2010) , El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica

Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha. Primera parte (1983), Ed. y notas: C. Sabor de Cortazar e Isaías Lerner. Buenos Aires: Clásicos Huemul

­­­­­­­­­­­_________________________ Don Quijote de la Mancha. Segunda parte (1983), Ed. y notas: C. Sabor de Cortazar e Isaías Lerner. Buenos Aires: Clásicos Huemul

Chartier, Roger (1999), Literatura y lectura. Tercera jornada, en: Cultura escrita, literatura e historia. Coacciones transgredidas y libertades restringidas. Conversaciones de Roger Chartier. Entr. Aguirre Anaya et al. México: Fondo de Cultura Económica

Guerrero Guadarrama, Laura (2008), La neo-subversión en la literatura infantil y juvenil, ecos de la posmodernidad. en Ocnos: Revista de Estudios sobre Lectura, número 4. Cuenca: Univer. Castilla - La Mancha. P. 35-55. Disponible en http//www.redalyc.org.

Lilia Lardone. 1er. Premio 1999. Entrevista de Susana Allori, en: Relalij N° 9. enero-junio de 1999.

Lluch, Gema (2005), Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Buenos Aires: Grupo Ed. Norma . Catalejo

Minzi, Viviana (2006), Los chicos según la publicidad. Representaciones de infancia en el discurso del mercado de productos para niños. En: La cuestión de la infancia. Entre la escuela, la calle y el shopping. Sandra Carli (comp.) Buenos Aires: Paidós

Munita Felipe (2010), Literatura infantil y escuela: un diálogo posible. Valdivia. Chile: Ediciones Kultrun

Poletti, Syria (1987) Aproximaciones a una nueva literatura infantil, en: Evaluación de la Literatura femenina latinoamericana en el siglo XX. II Simposio Internacional de Literatura. Costa Rica: Instituto Literario y Cultural Hispánico

 

 

Notas:

1) Obtuvo el Primer Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 1999

2) Lilia Lardone, Coloquio en Seminario de Literatura Latinoamericana para niños y jóvenes, Prof. Lidia Blanco, Maestría en Análisis del Discurso, Facultad Filosofía y Letra, Univ. Buenos Aires, 11 de junio de 2011

3) Coloquio mencionado.

4) El subrayado es nuestro.

5) El subrayado es nuestro.

6) Por ejemplo, Laura Guerrero Guadarrama, en sus investigaciones sobre la narrativa infantil en México.

 


 

Cuentos para disfrutar en las tardes con bufanda: Caballero negro, de Lilia Lardone

Por Mariana Martínez Piervittori

Incluida en el sitio http://www.quehacemosma.com

 

Por estos días, el frío parece no querer marcharse. Los cielos grises, los arboles pelados, la brisa fría y la bufanda, siguen siendo nuestros compañeros de toda de la jornada. Aún tenemos tiempo para acompañar las tardes de los chicos con un buen libro como alternativa a la compu y a los dibus de la tele, antes de que el calor primaveral y las plazas se lleven toda su atención. Gracias a la recomendación de una experta lectora, les traemos un cuento de fantasía, caballeros, princesas y castillos, llamado Caballero Negro, de la premiada escritora cordobesa Lilia Lardone.

Esta es la historia de Luciano, un niño de 9 años que comienza a vivir cambios importantes en su vida. Momentos de fantasía y realidad se alternan en la vida de Luciano. En la puerta de entrada, la realidad: el orden cotidiano alterado por una pelea con el Flaco, su mejor amigo, y en casa, las discusiones entre papá y mamá. En la puerta de salida, la imaginación: una oportunidad de fuga a una realidad diferente, con otros problemas. Las peleas se olvidan a medida que el niño construye un castillo. Cada bloquecito de juguete deviene en muralla, que divide dos mundos.

“El Castillo tiene un mar al lado. Un mar con olas enormes, imposible de navegar. El Castillo está en lo alto de un acantilado, y sus torretas se destacan sobre el cielo azul… Luciano espía desde las almenas. El horizonte se ve despejado y el camino serpenteante también. De pronto, una pequeña mancha crece allá lejos…Ya lo tiene: la mancha es un jinete negro que cabalga rápido, tan rápido que en un instante está a tiro de ballesta…”

Un protagonista, un jinete negro, de gran nobleza, lealtad y valentía. Es Caballero negro, que atraviesa grandes distancias para rescatar a la princesa, hija de los dueños del castillo que ha construido. Embiste dragones, bárbaros y piratas hasta rescatarla, incluso arriesgando su propia vida. Pese a esto, Caballero Negro debe seguir enfrentando otros desafíos, un Caballero de Plata disputa el amor de la princesa. Para conquistar su amor, deben someterse a un torneo de ballesta y espada, allí el Rey determinará quien será el que obtendrá la mano de la joven.

Esta historia aporta un condimento muy valioso además de la ingeniosa prosa, nos habla de los desafíos que nos va presentando la vida misma, y de un mundo muchas veces desconocido por los más chicos, mantenidos al margen por los más grandes.

” …Al rato Luciano vuelve a la cocina y al entrar oye a la abuela: – Tranquilizate- dice mientras la abraza a su mamá. – ¿ Qué pasa? – pregunta Luciano. – Nada, nada – contestan las dos-, no pasa nada. Sin embargo, él sabe que es mentira”.

A través de este relato ficcional, Lardone abre las puertas para reflexionar sobre un mundo diverso, compuesto por realidades diferentes, y sobre todo, nos permite hablar de la familia, las familias modernas, el trabajo, los roles, los valores que se les transmite a los chicos y la forma de enfrentar los problemas.

En la ficción la derrota es tan desoladora como en la realidad misma. La fantasía también tiene un giro inesperado; le corresponde al lector averiguarlo.

Lardone nos muestra la fuerza creadora e inigualable de la imaginación como protagonista de la vida de un niño de 9 años que enfrenta el divorcio de sus papás, cruzando las barreras de la realidad y la fantasía, hasta que todo se acomoda de nuevo. Otras aventuras lo esperan, a pesar de lo vivido.

Se trata de una excelente lectura para los chicos y una muy buena oportunidad para los papás para hablar y reflexionar acerca de la familia, e incluirlos en situaciones que acontecen, que pueden llegar a ser dolorosas para ellos. Los niños entienden cuando algo pasa y darles explicaciones es muy importante para que puedan reacomodarse ante la vida, brindándoles mucho cariño y contención.

Ideal para aquellos papás que quieren ir adentrando a sus hijos en las vicisitudes de la vida, de una manera amena, a través de la literatura.

Papás y Mamás, preparen el chocolate calentito para acompañar la tarde con jinetes y bufanda.

 


 

Divorcio y cambios formales en dos relatos argentinos

Por Cecilia Bajour

http://www.imaginaria.com.ar/03/7/divorcio.htm

 

El divorcio no es un tema muy transitado en la literatura infantil en nuestro país. A pesar de que las nuevas estructuras familiares ya constituyen una realidad tan instalada que no sorprende a nadie, hay pocos casos de narraciones dedicadas al lector infantil en que se aborde la separación de los padres, ya sea como temática central o como parte del escenario narrativo.

En ese sentido, Historia de un primer fin de semana de Silvia Schujer (1), marcó un comienzo en el abordaje de este tema que en la literatura anterior a 1980 era inexistente.

En los últimos años, ante el incremento de nuevas relaciones familiares, entre las que el divorcio y sus consecuencias es sólo una de las variantes (otras posibilidades son las de madres solteras, niños que viven con otros parientes que no son sus padres, hijos de desaparecidos, como una dura y particular realidad familiar que dejó el último período dictatorial en muchos hogares argentinos, etc.), algunos escritores incluyeron algunas de estas situaciones en sus relatos.

Junto con una mayor apertura en las temáticas abordadas en la literatura infantil, también es posible observar, particularmente a partir de 1990, una serie de cambios en las formas narrativas que hacen suponer una transformación en la noción acerca del lector infantil por parte de los autores que escriben para este destinatario. La apuesta sube particularmente en cuanto a las posibilidades de comprensión de estructuras narrativas más complejas, sobre todo en libros destinados a chicos de más de nueve años.

En los relatos de Irene Klein y Lilia Lardone que comentaremos, es interesante ver la relación que se produce entre la temática del divorcio, caracterizada por los cortes, las divisiones y rupturas y una propuesta formal que rompe con la tradicional linealidad del relato para armar una trama más compleja que utiliza recursos narrativos usuales en la literatura para adultos pero poco frecuentes en la literatura infantil.

¿Se puede tocar la tristeza?

En el cuento "Un sustantivo abstracto" de Irene Klein (2) se narra la situación de Cecilia, que comparte con otros chicos la experiencia de ser hija de padres separados, pero que tiene una tristeza única e intransferible. La protagonista está en una clase de Lengua donde la maestra dicta definiciones sobre adjetivos y sustantivos. Estos conceptos, que aparecen bruscamente en distintos momentos del cuento sin ninguna transición ni señales tipográficas que marquen el paso de una voz a otra, son la puerta de entrada para las evocaciones de Cecilia relacionadas con el dolor que le produce la situación de la separación. El presente impersonal de las definiciones dictadas por la maestra, se convierte en un recuerdo doloroso donde los ejemplos para los tipos de palabras estudiados ("Las palabras que describen se llaman cualidades o adjetivos") son los disparadores del relato de sus pérdidas, sobre todo la de su perra Laica, "negra, inteligente, guardiana", convertida en el símbolo más cercano de la ruptura de sus padres.

El contrapunto entre las intervenciones de la maestra (que no dialoga sino que dicta) en el presente de la historia y la visión retrospectiva de Cecilia reproduce el funcionamiento de la conciencia angustiada de la niña. Esto es posible también porque la narración en tercera persona tiene una focalización fija en ella y toda la realidad es vista desde su perspectiva. Este foco puesto en el personaje infantil, muy frecuente en la narrativa actual para niños, permite que el narrador se instale en la subjetividad del personaje y muestre desde allí los juicios y sentimientos infantiles sobre las formas en que los adultos resuelven sus conflictos. De esa manera, la voz del narrador declina la intervención directa en lo que narra y el papel de guía del relato, característicos de la narración infantil tradicional.

De todos modos, aunque el foco está puesto en el pensamiento de Cecilia, es posible descubrir la postura del narrador ante la historia por algunos aspectos como el uso del discurso directo sólo para presentar la voz de los adultos. Un ejemplo de esto son las intervenciones de la maestra, que aparecen como la única voz del afuera, ajenas a la forma en que los significados anidan y producen distintas ondas expansivas en las mentes de sus alumnos-personas. La enseñanza perimida de una gramática vacía, lejos de la vida y de la comunicación, es contrastada con una captura desgarrada de los sentidos que Cecilia necesita para verbalizar su dolor. Mientras en la cárcel de las definiciones "tristeza es un sustantivo abstracto, no se ve ni se toca", en el universo íntimo de Cecilia grita la necesidad de convertir ese sustantivo abstracto en uno concreto para que "puedan ver y tocar su tristeza".

Construir otro mundo para vivir en éste.

Caballero Negro de Lilia Lardone (3) es una novela corta que cuenta cómo vive Luciano, un chico de nueve años, el conflicto de la separación de sus padres que se produce en el transcurso de la narración. Simultáneamente, Luciano comienza a armar un castillo medieval en el que va tramando una historia, la del Caballero Negro, que lo acompaña en esta crisis. Ambos relatos se desarrollan en forma alternada produciendo un contrapunto entre realidad y fantasía, por lo tanto el lector infantil se encuentra con una forma compleja en la que debe seguir dos líneas narrativas independientes, aunque con fuertes elementos simbólicos comunes.

La historia básica, la del conflicto que se vive en la casa de Luciano, es contada con trazos simples y directos desde el inicio de la novela. A la situación entre sus padres se suma una pelea con su amigo. El armado de un castillo con ladrillos de plástico se convierte en una forma de refugio en la dimensión ficcional del juego. Así comienza la segunda historia, intercalada con la primera, que narra la aventura de un misterioso caballero medieval que vuelve al castillo después de rescatar a la hija del rey. Igual que en la vida de Luciano, el lector va conociendo el desarrollo de los acontecimientos junto con él. El relato inventado por el protagonista, como ocurre en los juegos infantiles, va surgiendo en forma espontánea y pronto comienza a cobrar un vuelo propio.

Las transiciones entre un relato y el otro están marcadas, como en la vida real, por los límites entre el tiempo del juego y el tiempo fuera de él, "tiempos de distinto orden", como describe tan bien Graciela Montes en "Juegos para la lectura" (4). Esos límites están puestos la mayoría de las veces por los adultos, quienes restituyen al niño a su conexión con el presente común a través del recuerdo de ciertos ritos cotidianos como el de tomar la leche, por ejemplo.

El crescendo que se produce en el conflicto familiar tiene su correlato en la historia del Caballero Negro, que debe competir con su rival en un torneo medieval por el amor de la princesa. El desenlace es doloroso en ambos universos: el alejamiento del padre coincide con el del Caballero Negro, que es herido en la competencia y debe marcharse. La resolución de la crisis por medio de la separación coincide con el final del juego: Luciano desarma el castillo. Sin embargo, la vida continúa y el juego también: la novela culmina con la posibilidad de un nuevo juego, quizás esta vez compartido con el amigo.

Una fina trama entre tema y forma.

La utilización de recursos narrativos más complejos en las obras comentadas surge como hospedaje formal adecuado para un tema caracterizado por el dolor y la fragmentación del mundo sufridos por los niños que atraviesan esta situación. Así como la "normalidad" de la vida se altera cuando la familia se divide, la linealidad del relato sufre un quiebre equivalente al que se vive en el interior de los protagonistas.

Esto también se observa en los desenlaces, que inevitablemente esquivan el final feliz de las narraciones tradicionales. En el caso del cuento de Klein, el final coincide con la consagración de la tristeza, palabra que culmina el relato, mientras que en Caballero Negro, Luciano debe asumir la contundencia de los hechos pero el narrador despide el relato con la posibilidad de un nuevo juego.

La lectura de estos textos presupone un lector activo, que no sólo se conmueve por el conflicto planteado sino que debe tejer junto con el protagonista una trama compleja. Un lector que junto a los Lucianos y a las Cecilias de la literatura construye con la infancia y el dolor otro mundo posible.


Notas:

1) Schujer, Silvia. Historia de un primer fin de semana. Ilustraciones de Alejandra Taubin. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1988. Colección Serie Blanca (Edición agotada y descatalogada). El libro fue reeditado con el título Historias de un primer fin de semana, con ilustraciones de Pez, por el Grupo Editorial Norma (Bogotá, 1998. Colección Torre de Papel, serie Torre Azul)

2) Klein, Irene. El cuento "Un sustantivo abstracto" está incluido en el libro Cuentos de estación, con ilustraciones de Laura Michell. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1997. Colección Los libros del ombú.

3) Lardone, Lilia. Caballero Negro. Ilustraciones de María Osorio. Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1999. Colección Torre de Papel, serie Torre Azul.

4) Montes, Graciela. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. México, Fondo de Cultura Económica, 1999. Colección Espacios para la Lectura.