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Del libro inédito En tránsito

 

Ruidos

El aceite chisporroteante / un móvil de madreperlas en la brisa/
la zambullida/ el falso café al estallar / la llave en la cerradura (cuando espero) /
un moscardón en la siesta de verano /
el primer soplo antes de la tormenta / el crujido del quebracho quemándose /
una moneda rueda / hojas secas bajo mis pies / la bolita cae
sobre las baldosas rojas/
un taconeo en la noche / los molinos de viento (cuando hay viento)/
el teclear de la máquina de escribir / susurros en la cama/
sirenas / el teléfono en la noche /
la respiración jadeante de mamá/ ladridos / una canilla gotea / el globo se desinfla /
la pedrea sobre el zinc / las langostas comiéndolo todo /
un perro rascándose /una voz canta (en esa iglesia de Quito)/
la escoba barre el patio de tierra/ se quiebra el vidrio / las campanas /
pasan silenciosas las hojas del libro en el silencio de la siesta/
un portazo /
golpes en el techo /
ahí vienen/insaciables/
los recuerdos.

Iglesia San Francisco, Quito, 1994.

 

En tránsito

En el aterrizaje la cordillera aparece
enorme y cercana, diluida por la bruma de una casi noche.
Ella siente la inquietud de siempre
cuando llega a otro lugar:
curiosidad, miedo, los sentidos en alerta
para tocar, oler, oír.

En el traslado del aeropuerto a la ciudad
los ocasionales compañeros de viaje conversan de sus cosas
de su país.
Se impone la voz de su vecina de asiento:
Mi General nos salvó del comunism.
Alguien replica desde atrás:
Su General es un asesino.
Ella intenta descubrir
las caras de los que hablaron
pero la oscuridad es total.
Al rato, el chofer dice un nombre en voz alta
detiene el pequeño ómnibus
bajan dos pasajeros.
Unas cuadras más adelante vuelve a detenerse.
Y más allá.
Y más allá.  Hasta que ella queda sola.

El chofer avanza por calles oscuras,  
por fin exclama:
Acá es.
La semipenumbra deja ver el hotel.
Un hombre amable baja las escalinatas
y toma su valija.
Hay algo extraño en esa recepción, algo difícil de definir.
Sin embargo, su reserva está.
Sube al ascensor con el hombre amable
que enseguida le dice:
Mañana el hotel cierra, señora.
Usted es la última pasajera.
Cuando el ascensor se detiene en el piso catorce,
el hombre agrega:
Nos quedamos todos sin trabajo.

Entran a la habitación, en orden las toallas, en orden el frigo.

A solas ella revisa, revisa hasta debajo de la cama.
Piensa en el avión
que tomará al amanecer
en el destino del hombre amable y de sus compañeros
en que la habitación
que ocupa
desaparecerá.
Piensa también en el General
que ya no es.

Y no duerme.

Santiago de Chile, abril 2001.

 

El Capital

                                                           A N.
                                                           in memoriam

En el Citroen rojo
la plusvalía saltaba
cuando las desnudas piedras del camino serrano
detenían tu voz.
Hablabas de Marx
de Rusia
de un largo viaje en tren
en medio de la nieve
de un samovar
que brindaba el té a los viajeros.
Los vaivenes del relato
acompañaban las curvas
mientras contabas lo que la sociedad
capitalista
podía hacer
con los hombres.
El polvo del camino a veces
enturbiaba
tus palabras.
También el humo de los Particulares 70.
Y entonces tosías
como para demostrar
que el paraíso
no existe.

Camino del Cuadrado, otoño 1985.