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La fábrica de cristal

La fábrica de cristal

Sobre La fábrica de cristal

Por Lidia Blanco. Buenos Aires. Septiembre 2007.

“Y podríamos concebir así la formación de una organización permanente de resistencia capaz de oponer sus consignas –el boicot, por ejemplo- sus manifestaciones, sus análisis críticos y sus producciones simbólicas, en especial artísticas, a la violencia sin rostro de las fuerzas económicas y de los poderes simbólicos que se ponen a su servicio en la prensa, la televisión y la radio”. Pierre Bourdieu (1)

Novela juvenil de fuerte tono realista, cuya trama se nutre con imágenes surgidas del mundo del trabajo. El escenario central es una fábrica de cristal en la que se confrontarán modelos artesanales de producción con otros propuestos por las nuevas tecnologías, que en muchos casos no contemplan los riesgos de los trabajadores,  porque el trabajo se ha deshumanizado. La deshumanización del sistema productivo, es el eje central del texto. Se condensa en esta tensión el gran dilema económico del mundo: la máquina sustituye al hombre, y el desempleo se extiende y amenaza la seguridad y los proyectos de vida de las generaciones jóvenes.

La fábrica de cristal está ubicada en un pueblo pequeño, cuya vida se desarrolla alrededor de esa única fuente de trabajo:

“Pico Chato es un lugar donde la vida transcurre suavemente, donde mujeres y hombres acomodan su paso al trajinar diario, apenas interrumpido por sorpresas que a veces traen alegría y otras padecimientos. Cuando hay noticias, casi siempre provienen de la fabrica.”

La narración recorre diferentes escenarios en los que se van produciendo situaciones conflictivas que deben resolver los personajes desnudando en cada una, su ideología, su manera de pararse frente al mundo. Gemma deslumbra por su firmeza, su obstinación para llevar adelante sus proyectos, y su seguridad frente al mundo masculino. Su identidad femenina crece en el rol de creadora destacada de una pieza de cristal única, el “Árbol de la Vida” que le permite ubicarse ante sus compañeros de trabajo como alguien especial.

La relación que establece con Renato, su pareja, la muestra plena, capaz de amar y proyectar una vida familiar, pero también tenaz y clara cuando debe exigir un cambio de conducta en su compañero. Este personaje es, en su composición, una ruptura con estereotipos femeninos presentes en la literatura de todos los tiempos, en toda la literatura. La mujer presentada como débil y dependiente, sujeta a un destino único, el casamiento, proyecto en el que decide invertir todo, hasta su ideología, y su libertad de pensamiento, ese modelo femenino, se destruye por completo en Gemma. Nace una Mujer Nueva, autónoma, firme en sus convicciones, atrevida y defensora a la vez de la simiente que lleva consigo: el hijo que vendrá.

La situación crítica de la fábrica a punto de quebrar, arma un tablero de posiciones ideológicas enfrentadas. La discusión está centrada en un límite ético: existe un método de elaborar las esferas que pone en peligro la vida de los sopladores, pero ese método puede al mismo tiempo salvar a la fábrica de hundirse sin remedio. En torno a esta cuestión, se polarizan los personajes en binomios. 

Un binomio lo integran Simón y Renato, con matices afectivos muy especiales ya que ambos jóvenes están enamorados de Gemma. Simón investiga y toma posición para evitar que se lleve a cabo el macabro proyecto:

“Es difícil darle nombre a las cosas que nos meten miedo. No se habla por las claras de esas piezas. Hacerlas se prohíbe completamente, les aseguro. Ninguna fábrica de ningún lugar acepta el pedido y por eso las encargan acá, porque estamos lejos, porque las montañas nos separan. Y porque tenemos un patrón codicioso y sin escrúpulos”.

Renato por su parte, prefiere aceptar el pacto con Heber, el nuevo patrón de la fábrica, para lograr cumplir su proyecto de convivencia con Gemma:

 “Esto queda entre vos y yo. Un secreto bien guardado. Gracias a ese trabajo, Heber me adelantó plata y pude hacer la entrega para la casa que tanto queremos. Poco a poco la terminaremos de pagar con más pedidos especiales-Lo importante es casarnos y vivir acá, en nuestra casa de la veleta.”

Don Aurelio y Heber, su  hijo, configuran otro binomio en el que se juegan afectos fuertes, y visiones diferentes de la cuestión  económica. Don Aurelio ha enfermado y por esta razón, Heber está ocupando su lugar en las decisiones a tomar dentro de la fábrica. Tentado por la posibilidad de obtener importantes beneficios económicos, resuelve incluir en la fábrica el método que pone en peligro la vida de los operarios.

Gemma desata los nudos, apoyada por Simón. Su Árbol de la Vida, la pieza de cristal creada por ella y gestada por las manos de Renato, aparece como una solución diferente, una manera de rescatar de la quiebra a la fábrica con un símbolo de  Vida, y no con una complicidad con la muerte.

Simón y Gemma conforman un dúo bien armado contra la actitud de Heber, que simboliza el Poder y la presión que ejercen sobre él ambos  jóvenes, modifica su pensamiento y genera nuevas inquietudes. Las reflexiones del joven empresario ante Simón sintetizan una de las situaciones más frecuentes en el cierre de tantas empresas en la crisis del capitalismo en el mundo globalizado.

Le dice a Simón:

“Para pagar los sueldos y no echar al personal, sólo me quedaba aceptar ese pedido. Me arrepiento de haberlo hecho y estoy en una trampa.¿Qué hago?¿Devuelvo el oro y suspendo lo firmado? Es una locura, imposible. Tampoco quiero cargar con ninguna muerte…”

Y Simón lo  invita a buscar otra salida:

“¿Y si hablás con la gente? No perdés nada. Lo mejor es aclarar la situación, dar la cara. Si querés armo un reunión para el lunes, a la hora de entrada.”

Y la palabra interrumpe lo que parecía consumado. Los cambios en Heber precipitan el final de la novela, siempre en escenas de honda tensión ética. Un desenlace siempre deja una marca profunda en el lector, es lo que se pudo hacer en una situación de conflicto, lo que el texto sugiere. O lo que el autor ha decidido proponer para sus personajes. La escena final, conmovedora, es sin duda altamente ficcional. Es imposible evitar la sensación de fuerte identificación con ese final, y la certeza de que solamente pertenece a esas personas, personajes de ficción, con las que se ha compartido varias páginas de una novela.

Pero es saludable querer lo imposible, porque… ¿quién sino el Artista puede desordenar a su gusto lo establecido?

El Arte produce la subversión, la ruptura, en este caso con lo que los medios masivos de comunicación plantean como única salida. Lilia Lardone abre otra puerta, y por esa puerta salimos todos, o casi todos, los que apostamos justamente a un quiebre del orden:

Dice Simón dirigiéndose a los obreros de la fábrica:

“Por favor, escuchen. Esto es muy serio: les propongo que armemos una cooperativa en la que todos seamos iguales. Al principio nadie cobra nada y se trabaja a destajo. Ya veremos cómo nos ayudan de alguna parte, es cuestión de golpear puertas en la ciudad. Y sí, habrá que sacrificarse mucho. Heber también junto a nosotros,”

Y esta escena, absolutamente fílmica, brinda un paisaje que pinta ante el lector el Otro Mundo, con otras reglas de convivencia, esa convivencia que todavía no se logra instalar en el planeta, que parece lejana pero no lo es tanto….

“El sol del mediodía cae a pique. Enceguecen los reflejos del cristal en los brazos de Gemma.

-Adentro, muchachos. A ver cómo lo hacemos- y Simón se adelanta para cruzar la puerta de la fábrica  de Pico Chato.

Casi todos lo siguen.”

En esa oración final, “casi todos”, se cierra el enigma de la novela. Realmente… ¿hay una gran mayoría de seres  humanos que cruzaría esa puerta? ¿Esa puerta al trabajo sin patrones? ¿Y quiénes quedarían afuera? Es decir… ¿Quiénes permanecerían atados a los viejos cánones de un capitalismo vetusto y destructor?

Profunda e irreverente se alza esta novela de Lilia Lardone. Sutilmente, su invitación se extiende a los lectores, en verdad es posible trasponer ese umbral que separa lo posible de lo imposible. La literatura obra esa maravilla, cuando es verdadera, genuina, ficción transparente, creación legítima. Y el lector puede elegir, dentro de sí mismo, cruzar o permanecer.

(1)Bourdieu, Pierre.”Pensamiento y acción”.Libros del Zorzal.2002.pag.149.


Alumnas de la profesora Candelaria Stanccato, 5º año Colegio San José – Córdoba

Contreras, Milena
Piatti Fadda, Catalina
UNA REALIDAD CRISTALIZADA: LA LITERATURA COMO PUENTE ENTRE LOS JÓVENES Y LAS PROBLEMÁTICAS SOCIALES.
Las verdades tienen en su boca la misma energía luminosa que se desprende del cristal bajo los débiles rayos del sol
Somos alumnas del ciclo de especialización del Colegio San José que a partir del pro grama Los escritores cordobeses en nuestras escuelas, nos propusimos analizar la obra de la autora cordobesa Lilia Lardone: La fábrica de cristal. Luego de la lectura del libro durante el desarrollo del ciclo lectivo, desde la cátedra de Literatura nos ofrecieron realizar un trabajo analítico más amplio para exponerlo en el Foro de discusión: Literatura de Córdoba e identidad.
La literatura cordobesa nos sorprendió ya que nos permitía una interacción con el libro y con nosotros mismos y aportaba diferencias a lo que habíamos estado trabajando en años anteriores en el colegio -lectura de libros extranjeros o nacionales consagrados-, por lo que este acercamiento nos resultó un estímulo intelectual significativo para conocer otras perspectivas y descubrirnos en esa identidad.
El programa nos pareció una experiencia muy atractiva y enriquecedora porque nos ayudó a encontrar una literatura autóctona que habíamos desvalorizado hasta el momento optando por aquella más difundida, debido a que no conocíamos obras juveniles locales. Si bien crecimos leyendo los cuentos de la colección Dulce de Leche , con el tiempo y la influencia de los medios masivos de comunicación, fuimos perdiendo aquel interés y la práctica de lectura de cuentos cordobeses, hasta que nos llegó esta propuesta. Es por eso que creemos relevante la incentivación de la lectura por parte de programas como este que fomentan la apreciación por lo producido regionalmente; es decir, por lo nuestro.
En la actualidad, la literatura con fines de proyectar problemáticas sociales se encuentra suplantada por aquella más comercial; ya que esta última atrae al lector por su liviandad; es decir, que no requiere esfuerzos para su seguimiento y comprensión. Además, tiene mayor difusión y publicidad, lo que provoca que cope el mercado literario dejando un espacio reducido para aquellas que no tratan de evadir la realidad, sino que su objetivo es transmitir al lector cómo es ese entorno en el que vive cotidianamente, para poder así enfrentarlo y, a partir de allí, buscar soluciones que traigan aparejadas una mejora. Lilia Lardone, en su libro Poesía & Infancia, apunta lo siguiente respecto a la oposición entre los dos “tipos” de literatura mencionados:
(…) la transposición simbólica, el otro lado del espejo corporizado en versos, implica una entrega por parte del lector. Y  justamente ahí se puede observar que el hombre de hoy, acosado por los medios masivos de comunicación, envuelto en capas y capas de noticias -que, al igual que los árboles con el bosque, velan la “formación”, las esencias- no se ve motivado hacia la aprehensión de determinadas formaciones artísticas.
En otras palabras, lo que quiere expresar la escritora es que prefiere aquella lectura que traiga aparejada consigo voluntad por parte del lector pero, actualmente, se adoptan las lecturas “ligeras”, lineales y descriptivas que relatan una serie de eventos llanamente. En una entrevista que mantuvo con los alumnos de 5º año del Colegio San José reforzó esta idea diciendo que “leer requiere un esfuerzo. La imagen se impone, para leer tenemos que abrir y desentrañar un sentido, incorporarlo, tener un cierto silencio a tu alrededor, tener cierta paz, disponer de un tiempo. (…) Acá tenemos que poner, poner muchísimo esfuerzo para nosotros. Ahí las imágenes las creamos nosotros” . Finalmente y concluyendo, la escritora señaló que los editores también prefieren producir libros “leves” ya que tienen mayor llegada al público. En contraposición, el otro tipo de obras “que requieren esfuerzo”, al ser más selectivas, son de menor venta y, por ende, de menor rentabilidad.
El caso de La fábrica de cristal
La historia de la novela a analizar transcurre en un pequeño pueblo llamado Pico Chato donde hay una fábrica de productos artesanales de cristal famosa por sus ojos de boticario (esferas de cristal); también, producen jarrones, tulipas y vasos entre otras cosas. Generalmente, los pedidos les llegan de Ciudad Mayor donde sus productos tienen mucha aceptación. El dueño de la empresa familiar es Don Aurelio, hombre mayor que heredó los secretos de la producción de sus antepasados y los trabajadores lo sienten como un padre; sin embargo, está muy enfermo hace ya bastante tiempo. Por consiguiente, su hijo Heber lo reemplaza en los negocios concernientes a la factoría.
En la fábrica de Pico Chato se hace cuanto se puede hacer en cristal (…). Los artesanos de la fábrica ayudan a conservar saberes que han remontado siglos. Son verdaderos artistas del cristal y se enorgullecen de lo que hacen .   
Sin embargo, un día comienzan una serie de conflictos ya que se cierra una sección y se empiezan a demorar los salarios. En respuesta a los reclamos de la gente, Heber argumenta que “El mercado es complicado” . Los trabajadores continúan sus faenas en medio de tantas irregularidades hasta un nuevo suceso que los descoloca: la muerte de Jeremías, el diseñador de la fábrica.
Para cubrir este puesto se presenta Gemma, una jovencita oriunda de Ciudad Mayor que debió trasladarse a vivir a la casa de su tío, junto con su madre, debido a que su padre falleció y no podían seguir sosteniéndose económicamente. Don Aurelio, frente a la situación complicada, decide emplearla automáticamente pese a los reclamos por parte de su hijo ya que la nueva diseñadora va a ser mujer: “Aurelio tiene muy presente que en los últimos tiempos disminuyeron de manera alarmante los pedidos, que es necesario pensar en un cambio porque su fábrica ya no es lo que era. Y además, la muerte de Jeremías…”
Un día, la joven conoce a Simón, el soplador más famoso ya que ejecuta las mejores esferas de cristal de la fábrica. Poco a poco, se hacen muy buenos amigos y comparten secretos, pareceres y sueños juntos como, por ejemplo, el Árbol de la vida que diseñó Gemma para que sea una pieza de colección única. De esta forma, se comienza a gestar una relación muy afectuosa entre ellos, tal es así que Simón le confía a su amiga una conversación que escuchó entre Heber y Bruno, el capataz, acerca de un pedido de Ciudad Mayor que salvaría a la fábrica de su ruina: unas esferas rojosangre que debían hacerse soplando el sílice con ducados de oro; cuenta Simón: “Un camionero de Ciudad Mayor me contó que los coleccionistas pagan lo que sea por tenerlas. Y valen muchísimo más que las monedas de oro que se necesitan para hacerlas”. No obstante, las nuevas piezas podrían llegar a salvar la situación pero cuestan la vida del soplador, ya que liberan unos vapores venenosos que causan la muerte. Dicho suceso es increíble en Pico Chato ya que Don Aurelio siempre tuvo en cuenta la vida de sus obreros por sobre todas las cosas.
Sumado a esta desgracia, un  nuevo acontecimiento viene a irrumpir en la vida de Simón: pierde un ojo cuando estaba soplando una esfera y vino un viento que la hizo estallar, haciendo que una astilla lo dejara tuerto. Cuando Don Aurelio le pregunta por qué no se había protegido los ojos con los lentes apropiados, el soplador le confía que la conversación que ha oído ha sido una de las causas de su descuido, Aurelio lo tranquiliza argumentando que “Jamás en Pico Chato se aceptaron ni se aceptaran pedidos prohibidos, que pongan en riesgo a los hombres. Ni de Ciudad Mayor, ni de ningún lado” . Para cuando se recupere definitivamente, Heber le ofrece a Simón trabajo en un negocio en Ciudad Mayor para vender directo al público. Pero, éste se niega y decide irse a Ciudad Mayor a probar suerte por su cuenta.
Pasado un tiempo, la situación en la fábrica continúa bastante tensa ya que el reemplazante de Don Aurelio comienza a imponer nuevos cambios que persiguen el orden y la producción por sobre todas las cosas. Para ello, desea disciplinar a la gente; por ejemplo, colocando un reloj a la entrada para controlar la asistencia. Los trabajadores obedecen, pero protestan a menudo ya que ellos estaban acostumbrados a la dinámica de Aurelio. También, Heber comienza a imponer nuevas ideas tales como la eliminación de elementos del catálogo argumentando que están pasados de moda y que “no se gana nada con la variedad. De ahora en adelante una sola línea. Eso se llama especialización” .
Agregado a todos los problemas en la fábrica, se adviene uno nuevo: al carecer de un soplador como Simón, los compradores se quejan ya que las esferas no son perfectas como las anteriores. Por lo tanto, el nuevo dueño se ve obligado a encontrar un buen reemplazante lo más rápido posible; para lograr su meta, consulta con Bruno quien le comenta que conoce a un chico que tiene el don ya que lo ha pescado varias veces espiando a Simón cuando soplaba. Luego de que lo prueban con resultados positivos, Heber se queda más tranquilo pensando que ya van a volver los pedidos de Ciudad Mayor y comenzará a ingresar de nuevo dinero.
Mientras tanto, Gemma escucha comentarios acerca de Renato, el nuevo soplador. Una tarde coinciden a la salida del trabajo y comienzan a conversar. Ella descubre que se siente a gusto con él y así nace una relación amistosa entre ambos; la confianza se hace tan fuerte que ella decide confiarle su anhelo de ver plasmado en vidrio su Árbol de la vida. Renato se ofrece a realizar la labor en sus horas libre y, de a poco, le va dando forma.
Un día, Heber regresa de la ciudad bastante consternado y ordena inmediatamente que se desocupe la oficina de su padre y, de igual forma, solicita la presencia de Renato. En respuesta a las preguntas de Gemma, el joven soplador le contesta que lo citaron debido a un nuevo pedido y que tanto misterio es parte de la locura de Heber.
Sin embargo, las incógnitas continúan: un par de días más tarde, a la joven le impiden el paso a la sección donde el nuevo soplador trabaja y no recibe respuesta al indagar a qué se debe la nueva medida. En consecuencia, para esperar hasta que su compañero salga, decide visitar a Agustina, la madre de Simón, con la cual siempre tuvieron muy buena relación; allí le cuenta todo lo que está pasando y sus sospechas acerca del nuevo pedido debido a que, anteriormente, su amigo ya le había comentado acerca de las esferas rojo-sangre que causan la muerte en el soplador. Agustina comparte la angustia de la chica y decide escribirle una carta a su hijo que se encontraba en la ciudad.
Por su parte, en la ciudad, Simón se va acostumbrando paulatinamente. Consigue vivir gracias a pequeños trabajitos que realiza en la pensión en la que vive o para los vecinos y, gracias a su empeño y determinación, consigue progresar y hace buenos amigos. Su madre, que le escribía cartas regularmente, le contó en una de ellas la preocupación de Gemma acerca del pedido que podría traer como consecuencia la posible muerte de Renato.
Simón comienza a averiguar con especialistas de la ciudad acerca de los efectos que podrían causar los vapores en el soplador y, al confirmar sus sospechas, decide regresar a Pico Chato a prevenir a sus compañeros. Una vez en su pueblo natal, descubre que los trabajadores no se animan a denunciar lo que les preocupa. Cuando se reencuentra con Gemma, se enfrenta a los celos de Renato que le impiden hablar libremente con ella, y le duele de sobremanera ya que se había enamorado de ella.
Gemma, por su parte, se siente bastante intranquila porque percibe que su prometido no se encuentra tan feliz como antes e intuye que algo malo le está ocurriendo ya que no es el mismo hombre que ella conoció: “¿La ambición le impedirá ver con claridad? A ella no la comprarán tan fácil, seguro que no” .
Al día siguiente de su arribo al pueblo, Simón decide contarles a los trabajadores de la fábrica lo que averiguó acerca de los sindicatos, siempre precavidamente ya que su madre lo previno acerca de la situación debido a que los trabajadores están enfurecidos por el atraso de los pagos en los sueldos. Cuando está con ellos, busca sus ojos uno a uno y les va diciendo “Es difícil darle nombre a las cosas que nos meten miedo. No se habla por las claras de esas piezas. Hacerlas se prohíbe completamente, les aseguro. Ninguna fábrica de ningún lugar acepta el pedido y por eso las encargan acá, porque estamos lejos, porque las montañas nos separan. Y porque tenemos un patrón codicioso y sin escrúpulos” . No obstante, los obreros deciden no expresar nada y continuar su labor.
Gemma, al ver el fracaso de la charla de Simón, decide ir a hablar con Don Aurelio en busca de una solución; el dueño de la fábrica le agradece que le haya ido a contar la situación por lo que la joven se retira de la entrevista con una esperanza. Por otra parte, en su cabeza ronda una idea para sacar adelante la fábrica: vender su Árbol de la vida como una pieza única y original. Por ello, se lo muestra a los trabajadores y les habla una vez más, logrando convencerlos para que se junten y luchen unidos en busca de una salida.
Como siguiente paso, la joven habla cara a cara con Heber. Por su parte, los trabajadores se unen y cesan las actividades del día. Pese a este  gran avance, les anuncian en ese momento la muerte de Aurelio por lo que deben interrumpir el reclamo para amoldarse a la situación presente.
Luego del entierro del antiguo dueño de la fábrica de cristal, el antiguo soplador vuelve a hablar con el nuevo dueño de la fábrica para que recapacite y lo deja un momento solo con el fin de que medite. Felizmente, cuando vuelve, nota un cambio: “Los ojos de Heber delatan confusión. Se lo ve pensativo, como si de golpe se diera cuenta de su enorme responsabilidad, como si hubiera empezado a aceptar la verdad de las palabras de Simón” . Al instante, le pide un poco de tiempo para poder ordenarse por lo que el joven Simón se retira muy contento y dichoso de ver que su antiguo amigo haya repensado sus acciones.
Al poco tiempo, Heber manda a llamar al joven y, paulatinamente, le enumera los problemas que ha debido enfrentar la fábrica:
Dice que el último año ha sido de pérdida porque no advirtieron a tiempo, ni su padre ni él, lo que se venía. Que el mundo ha cambiado, se ha globalizado, repite una y otra vez con rabia, y lo que importa son los costos. El mercado no paga lo que vale el trabajo artesanal, por bueno que este sea. Se perdió casi toda la clientela, ¿cómo competir con los productos fabricados en serie, con moldes? Si cuestan centavos… 
También le recalca que se arrepiente de haber aceptado ese pedido. Por consiguiente, Simón le propone organizar una reunión con los obreros. Cuando ésta se lleva a cabo, Heber les confiesa que la fábrica ha quebrado, que él hipotecó todos sus bienes para impedirlo; pero que fue en vano, la realidad salta a la vista.
Ante el desconcierto de sus compañeros, Simón les confía lo que sabe acerca de las cooperativas y les propone que armen una. Al principio, los trabajadores se muestran desconfiados, sin embargo, luego aceptan por lo que pudieron lograr llevar adelante la fábrica de cristal de Pico Chato: “Convertir la fábrica en una cooperativa fue un trabajo lento, lleno de problemas que desalentaron a muchos. Costó convencer a Heber (…) hacer complicados trámites para que la cooperativa tuviese una base legal (..) la gente aguantó hasta que llegó el primer pedido” .
Finalmente, todos pudieron lograr sus objetivos con paciencia y perseverancia. Por otro lado, Gemma tuvo su primer hijo Tomás con Renato, logrando que éste se reconciliara con Simón y siguieron juntos prosperando en Pico Chato.
Para comenzar con el análisis de la obra, consideramos imprescindible Elegimos trabajar con esta obra porque consideramos que está dotada de un fuerte factor social y que dentro del argumento incluye, además de una historia de amor y amistad, el relato de una problemática muy importante como lo es el caso de las fábricas de pueblo artesanales que deben competir en un mundo globalizado y, sumado a lo anterior, las situaciones donde esa competencia, en la actual economía, conlleva un deseo de acumulación de riquezas por parte del propietario sin importar las posibles consecuencias en el producto o aún en el mismo trabajador.
El primer eje que analizamos en la novela la clara diferencia de valores, prioridades e ideologías que hay entre el pueblo y la ciudad. Esto se hace visible en el trato que tiene Don Aurelio para con los empleados, él es un hombre de pueblo, un señor mayor con experiencia que heredó los secretos artesanales de sus antepasados, un patrón que no jugaría con la vida  de sus trabajadores “ni por todo el oro del mundo”,  un ser que es humano antes que un interesado sólo en el progreso de su fábrica y la obtención de dinero, una persona muy respetada y querida en Pico Chato. Sin embargo, su hijo, a quien envió a estudiar a la ciudad con el fin de que en el futuro sea un buen reemplazante, llegó “contaminado” por las influencias mercantiles que abundan en la metrópolis, puesto que sólo contemplan el provecho que se puede extraer del comercio sin importar los medios a utilizar para llegar a esa riqueza. Un ejemplo claro es cuando Heber acepta producir las esferas rojosangre aún siendo conciente de los efectos mortales que causarían en el soplador. De esta manera, se hace notorio como le importa la obtención de dinero por sobre todas las cosas; que su único interés, dada la necesidad que tiene en el momento, es sacar adelante la fabrica, pero sin medir las secuelas. 
Más no todo lo que se extrae o se aprende de la ciudad es negativo porque, cuando Simón está en Ciudad Mayor conoce gente muy capaz que lo ayuda a sobrevivir en ese ambiente nuevo para él y, cuando comienza a averiguar acerca del tema de las esferas rojosangre, lo ayudan a buscar información y, asimismo, nuevas soluciones como, por ejemplo, cuando le enseñan que los trabajadores deben luchar por sus derechos; entonces, Simón comienza a entrever una nueva esperanza en los sindicatos.
Esta idea de sindicato, que analizamos como otra isotopía trascendental en la obra, es importante en el desenlace de la historia puesto que es la que promueve que los obreros recapaciten y comiencen a luchar juntos por un sueño en común: recuperar la fábrica de la cual son parte, primeramente; y luego poder prosperar llegando a consolidar un negocio con bases fuertes sin dejar de lado lo artesanal que es su especialidad. Este sueño sólo puede llevarse a cabo a través del establecimiento de una cooperativa como forma de organización; en la cual todos tengan el mismo nivel de participación, sin tener divisiones jerárquicas.
Tendrá que cambiar mucho, la fábrica. Y tendremos que cambiar nosotros (…) Les propongo que armemos una cooperativa en la que todos seamos iguales (…) Y sí, habrá que sacrificarse mucho, Heber también, junto a nosotros (...) Voluntad, coraje, paciencia. A ver si nos animamos.   
En último lugar, salta a la vista la importancia que tiene la unión con los pares, una necesaria solidaridad entre hombres y mujeres; la unión de las personas que se encuentran en iguales condiciones para luchar por un ideal, por un sueño que los ayude a salir adelante fundamentalmente, frente a la necesidad de enfrentar los distintos obstáculos que se les presentan. Conjuntamente, la historia de Gemma en particular, último eje que abordamos, deja entrever como todas las personas pueden y deben darse un espacio para consolidar sus ideas y luchar por ellas; pero teniendo siempre presente que solo no se puede, sino que es necesaria y fundamental el apoyo y la colaboración de los pares.
Conclusiones
Para consumar nuestro trabajo, nos pareció significativo incluir un fragmento de las palabras con las que Lilia Lardone, en una entrevista para el diario cordobés La Voz del Interior, definió al estado actual del género elegido por ella para la obra: “(…) un poco ajena a cierta literatura juvenil que se mira a sí misma. Demasiadas historias donde chicos y chicas se dedican a escarbar sólo sus propios deseos, sin caer en la cuenta del mundo en que viven. Es una literatura dirigida a chicos que aún tienen sus necesidades básicas satisfechas y a los que no se los estimula a salir de sus individualidades para comprender los mecanismos sociales de poder. Ningún libro cambia el mundo, esto es verdad. Pero los libros de las colecciones para jóvenes están pareciéndose peligrosamente en una interacción de problemáticas adolescentes” . Esta idea nos resulta muy cierta y fue el disparador que nos posibilitó ver el libro desde otro punto de vista. Cabe destacar que esta mirada no se limita únicamente a esta obra en particular, sino que es posible aplicarla a toda la literatura de género realista para jóvenes, en la actualidad.
En último lugar, la lectura de La fábrica de cristal nos resultó muy placentera debido a que atrajo nuestro interés y, principalmente, nos ayudó a descubrir un nuevo tipo de lectura acerca de la cual nunca antes habíamos escuchado: una literatura que no apunta al entretenimiento como único objetivo, sino que promueve la configuración de una identidad mediante el puente que establece el joven lector entre lo relatado y la realidad en la que vive. Es por ello que sostenemos que, a partir del contacto con libros como el analizado, los jóvenes podemos darnos cuenta de la sociedad en la que vivimos y apreciar que está cristalizada; es decir, que se puede abordar desde distintas posiciones y cada joven debería elegir una para poder comprenderla críticamente.