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N° 123 | RESEÑAS DE LIBROS | 3 de marzo de 2004

Por Lidia Blanco

Un impecable trabajo de escritura sostiene estos relatos ubicados en el legendario Egipto. La estructura del libro incluye un relato inicial, en el que un Faraón encomienda a sus ocho hijos una investigación: el origen del Poder. El resultado de esta investigación puede ser la salvación del Imperio Egipcio que amenaza desmoronarse. El padre establece un tiempo, cuatro lunas, y transcurrido ese lapso, deberán traerle una respuesta. Nos encontramos, en este aspecto, con los rasgos de los cuentos tradicionales de iniciación en los que el padre encomienda una misión a sus hijos y esta misión los obliga al alejamiento del hogar. El retorno con la tarea cumplida siempre exige un examen para determinar quién de los hijos ha sabido comprender el pedido del padre. Así sucede en este caso, los hijos del Faraón regresan con los frutos de su exploración y cada uno cuenta al padre una historia que puede tener la respuesta buscada. Pero ninguno satisface plenamente lo solicitado, uno tras otro son descartados. En este punto se quiebra el canon tradicional, y como síntesis de todo lo que ha escuchado, el Faraón plantea una reflexión:
"Quise ponerlos a prueba, descubrir quién de ustedes era capaz de descubrir adónde buscar el poder en nuestro pueblo. Ahora me doy cuenta de que una persona sola no puede cargar con tamaña divisa. El precio de un imperio es mucho más que el de cada uno de sus hombres."
Es significativo el trabajo de diferenciación de los hijos e hijas del Faraón que construye la escritora. Cada uno tiene una identidad que el padre recorre al habilitar el momento de la narración y existe una armonía entre el contador y su cuento. Konsu, el mayor, trae la historia de un escriba de los tiempos de Ramsés. Baewf-ra aporta la leyenda de la peineta hundida en un lago. Ptah, llamado "el tímido" por su padre, recrea una superstición de la época del Faraón Nebka: un cocodrilo verdadero puede convertirse en un diminuto amuleto de cera. La joven Ita, cuya voz es calificada de refrescante, instala un clima seductor entre sus oyentes con el relato del olor del cocodrilo. Uti aporta la historia del rey que se comió a todos los dioses para recuperar energía y no temer a la muerte. Namer es el portador del cuento de los buscadores de oro. Sit, "la de la voz vibrante", obtuvo la leyenda del náufrago que volvió de la muerte. Y Khepri afirma haber encontrado el secreto del poder en la Biblioteca de Alejandría.
En cada cuento es posible encontrar una extraordinaria variedad de personajes muy bien definidos, como legítimos representantes de una cultura milenaria, pero hábilmente la autora también muestra en ellos rasgos humanos universales, y en su accionar ponen de manifiesto lo más cruel de la condición humana y lo más sublime. Se insinúan también marcas fuertes de la sociedad contemporánea, las guerras inútiles, los castigos inhumanos, la soberbia del Poder del más fuerte sobre el más débil. Estos conceptos se debaten al finalizar cada cuento, mediante la inclusión de un diálogo entre el Faraón y el contador de la historia, y en ese intercambio entre padre e hijo se abren nuevos interrogantes sobre los diferentes instrumentos a que apela el Poder para lograr sus fines.
El mundo cultural del Antiguo Egipto, sus creencias, supersticiones, modos particulares de encarar el juicio y el castigo de los que no se someten, se despliega y deja en cada caso la posibilidad de apropiación por parte del lector, y extraer conclusiones personales, sin llegar nunca a una supuesta respuesta exacta. Lilia Lardone elude el determinismo ético y abre en todo caso la incógnita acerca de la crueldad, la ambición, el desacato al orden establecido, la traición, el deseo desmedido de imperar unos sobre los otros de manera irracional y ciega.
El libro cierra con una pregunta que formula el Faraón:
"No hay más dioses, no hay más imperio. Sólo estamos nosotros. ¿Quién cerrará nuestras tumbas?"
La pregunta es a la vez una sentencia que guarda relación con discursos contemporáneos referidos a la caracterización de la posmodernidad como un momento histórico de la sociedad humana preñada de incertidumbre, de carencia de metas y objetivos en los diferentes campos del saber, de una búsqueda incierta de otros idearios que organicen la vida humana en el planeta. Con relación a este concepto de pérdida de proyectos futuros, expresa el ensayista francés Jean Baudrillaire:
"Nuestras acciones, nuestras empresas, nuestras enfermedades cada vez tienen menos motivaciones ‘objetivas’; proceden casi siempre de un secreto disgusto de nosotros mismos, de una secreta desherencia que nos lleva a liberarnos de nuestra energía de cualquier manera, y son por tanto una forma de exorcismo más que de voluntad de acción. ¿Se tratará de una nueva forma del principio del Mal, no lejos de la magia, cuyo epicentro, como sabemos, es precisamente el exorcismo?" (1)
El libro reúne datos provenientes de una cuidadosa investigación realizada por la autora y ese marco informativo —el vocabulario, la mención de figuras históricas, de lugares, de profecías ligadas a la cultura del Imperio Egipcio—, confiere a los textos una verosimilitud que permite transitar las historias con la certeza de no ser "engañado" por el escritor y, al mismo tiempo, el placer del encuentro con lo mágico, con lo maravilloso.
Así en "El rey que se comía a los dioses", aparece la historia de Ramsés II, que según la leyenda, se devoró todas las estatuas de dioses de su palacio para librarse de la muerte. Y murió luego de su extraña devoración. Una vez muerto, llegó la primera plaga a Egipto.
Otro relato, que tiene como protagonista a un náufrago, Amuni, describe un escenario impactante, un nido de víboras capaces de pensar y de hablar con el protagonista:
"Yacía en medio de un nido de serpientes, ninguna tan bella y tan enorme como la que lo había traído, ninguna en oro y azul. Lo rodeaban y se movían a su alrededor, a cierta distancia, deslizándose sobre sus vientres como si bailaran, mostrándole los sorprendentes dibujos de sus lomos."
Es el Reino de los Muertos del que no se puede regresar. Sin embargo, Amuni regresa, pero nadie cree en su relato, y es descalificado por su Señor.
No podía faltar en estos papiros el cocodrilo, animal sagrado en el Egipto Antiguo, y lo encontramos en dos relatos con fuerte carga sobrenatural: "Milagro en el lago" y "El olor del cocodrilo". Se refuerza lo terrorífico de esta figura amenazante, que simboliza el Poder sobrenatural, la posibilidad de modificar los hechos mediante fuerzas extrañas, mágicas, inexplicables por el saber humano común.
La construcción lingüística contribuye a crear una atmósfera de extrañamiento, y es indudable la intertextualidad con la colección de pensamientos, consejos y confesiones presente en El libro de los Muertos. La literatura egipcia se manifestó en innumerables grabados en las paredes de las pirámides porque sustentaban la idea de que al morir y ser colocados en esta suntuosa tumba, los textos llegarían al más allá y serían disfrutados por "el doble" o alma del difunto. Este parentesco como también este minucioso trabajo de reconstrucción de los antiguos papiros, es relatado por la misma autora al finalizar el libro. Nos cuenta Lilia Lardone:
"La idea de este libro surgió durante un caluroso verano en la mediterránea ciudad argentina en donde vivo. Hojeaba una Historia de las Civilizaciones y me maravilló una vez más la importancia del Nilo en el desarrollo de la cultura egipcia. Por esas asociaciones que se producen en los ratos de ocio, pensé cómo habría sido esa gente capaz de construir obras de arte tan bellas e imperecederas. Empecé a curiosear sus rastros por enciclopedias diversas, luego el fantástico Libro de los Muertos, videos de la BBC. Pero sobre todo me gustaría dejar testimonio de autores que leí a lo largo de varios meses y que me ayudaron, consciente o inconscientemente a armar las historias: Norman Mailer, Mircea Eliade, Mika Waltari, los arqueólogos alemanes Hans Wolfgang Müller y Eberhard Thiem con su exquisito libro El oro de los Faraones, Carl Sagan en Cosmos, David Ewing Dunem y su Historia del calendario, Bernard Simonay en El arquitecto del faraón, Gérard Deruvier con El antiguo Egipto, Pierre Montet en La vida cotidiana en Egipto, Faraón de Boleslaw Prus."
Estos datos bibliográficos aportados por la escritora convierten a este libro en un puerto rico de posibles viajes hacia un espacio seductor, con imágenes por momentos cinematográficas, con personajes ajenos al momento presente, pero con interrogantes que cobran actualidad en los comienzos del nuevo milenio. El lector que desee seguir desentrañando aspectos puntuales sobre Egipto antiguo, encuentra facilitado el camino de la investigación. En cuanto al abordaje del pensamiento filosófico, cabe destacar que todos los relatos se pronuncian frente a la crueldad y la obscenidad del Poder y el deseo de ejercerlo sobre el Otro a cualquier precio. La injusticia, por lo tanto, es también un fuerte trazo que permite la reflexión y el pensamiento crítico de los lectores.
Lidia Blanco


Nota
(1) Baudrillaire, Jean. La transparencia del Mal. Barcelona, Editorial Anagrama, 1991; pag.80.
Lidia Blanco (gelmanear@yahoo.com.ar) es Profesora de Lengua y Literatura (Universidad Nacional de Buenos Aires) en enseñanza media, normal y especial, y Especialista en Literatura Infantil y Juvenil. Fue Profesora del Seminario de Literatura Infantil en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, desde 1988 hasta 1996.
Es coautora y compiladora de los libros Los nuevos caminos de la expresión (Ediciones Colihue, 1990), Literatura infantil. Ensayos críticos (Ediciones Colihue, 1992), Cuentos Primer nivel (Ediciones Colihue, 1978) y El puente sobre el río (Ediciones Colihue, 1980. Colección El Pajarito Remendado).
Participó en distintos congresos de Literatura Infantil y Juvenil nacionales e internacionales.
En 1998 recibió el Premio Pregonero, otorgado por la Fundación El Libro, por su trayectoria como Especialista en Literatura Infantil y Juvenil.
Actualmente es Profesora de Teoría de la Comunicación en la Escuela de Arte "Leopoldo Marechal" en La Matanza (provincia de Buenos Aires) y colabora en diversas publicaciones especializadas: Espacios de Lectura, del Fondo de Cultura Económica de México; revistas La Mancha e Imaginaria.